×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Gusto por las tunas 
Huberto Meléndez Martínez 21-07-2014 22:00 hrs

Compartir

×


Compartir



Liga Corta




Dedicado a los adolescentes que cultivan la inteligencia emocional.

El tono de voz era alto, cercano a la irritación que sentía la trabajadora social y el orientador educativo cuando amonestaban a dos estudiantes, producto de un mal comportamiento reportado por los maestros de grupo de aquella escuela secundaria.

Dos chicas de apenas 12 y 13 años escuchaban indiferentes; su fama de novieras era conocida por todo el estudiantado.

Su actitud era tema abordado en el interior del consejo técnico escolar. Tanto docentes como directivos estaban preocupados por la conducta de estas inquietas adolescentes. Su desempeño académico podía ser mejor porque era notoria la chispa de inteligencia que poseían, pues sin grandes esfuerzos intelectuales obtenían calificaciones regulares.

Las preocupaciones se debían a que los muchachos se inquietaban con su presencia, competían entre ellos para acercarse a alguna de estas dos muchachas y luego presumir que eran los novios en turno.

La relación era poco seria; sabían que se trataba de un escarceo amoroso informal, pero sustraían la atención de los muchachos y desviaban sus insuficientes esfuerzos por los estudios, especialmente de los mayores.

El entorno tenía sus peculiares características adversas, similares a las de cualquier escuela de nueva creación: acentuadas limitaciones socioeconómicas de los alumnos, encontrarse enclavada en la periferia de la ciudad rodeada de colonias populares, los padres tenían ocupaciones eventuales mayoritariamente como obreros, albañiles y jornaleros urbanos, etcétera.

El edificio era insuficiente pues se atendían grupos en un pórtico, la plaza cívica y en la cancha de básquetbol. La oficina administrativa tuvo que instalarse en locales provisionales.

Por fortuna, había dos virtudes en esa comunidad escolar. Gran entusiasmo y presencia del comité de tutores y una planta básica de maestros jóvenes con notorio sentimiento de compromiso, comandados por el maestro Reynaldo Carrillo, director con convicciones muy positivas. Estas probidades opacaban la indolencia de otros colegas “golondrinos” que colaboraban con unas cuantas horas por compartir su tiempo en otros planteles.

El maestro de Matemáticas sintió necesidad de intervenir en la conversación que tenían estas dos estudiantes con el personal de la escuela. Queriendo ejemplificar y hacer entender la situación dijo a una de ellas:

-Fíjate que a mí me gustan mucho las tunas, mucho. De hecho, en este momento tengo unas ganas enormes de comerlas.

Como esta plática se estaba realizando en el mes de enero, una de las jovencitas, espontáneamente comentó:

-Ay, maestro, ¿pero cómo es que quiere comer tunas en ésta época del año, si todavía no es tiempo de que las haya?

Casi todos se quedaron callados unos instantes, repasando la expresión de la chica.

-Me da gusto que entiendas eso, ahora sólo te falta comprender que también hay tiempo para tener novio formal. Podrías dar mayor atención a tus estudios, dado tiempo de crecer y madurar emocionalmente, para cuando llegue el momento adecuado.

“Como si fuera tan fácil contener la necesidad de experimentar situaciones nuevas y diferentes en los jóvenes”, quedó pensando el maestro.
Tags