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1914. Fin y principio
Hombres de la historia
Marco Antonio Flores Zavala 06-10-2014 21:37 hrs

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Cortesía / El zacatecano Francisco R. Murguía tomó el lugar de Joaquín Beltrán Castañares como jefe militar en el Estado de México. (FOTO: Fototeca Nacional del INAH)
En el otoño de 1914, el general Porfirio Díaz se mantiene exiliado. Vive en Francia. Su parentela celebró el 7 de septiembre de 1914 el bautizo de Justo Sierra Casasús, nieto del difunto ministro de Instrucción Pública.

El militar y su esposa Carmelita fueron los padrinos del niño.

El general Victoriano Huerta huye. Marcha de Jamaica a Gran Bretaña. Le acompañan auxiliares y su familia. Es un político indeseable.

El rastro de los militares zacatecanos afectos a los regímenes de Díaz y Huerta se pierde en el otoño de 1914.

Jesús Aréchiga Mojarro, Miguel Ruelas Suárez, Luis Medina Barrón y Joaquín Beltrán Castañares están fuera de las glorias guerreras y políticas.

Por cierto, quien sustituyó a Beltrán Castañares como jefe militar en el estado de México fue el zacatecano Francisco R. Murguía.

Éste era una de las estrellas del constitucionalismo armado triunfante y opositor a la División del Norte de Francisco Villa.

En ascenso están los hombres de la División del Centro, como Pánfilo Natera, Trinidad Cervantes, los hermanos Caloca, Santos Bañuelos y Manuel Carlos de la Vega.

Frente la vorágine inmediata de la política, los hombres de la cultura están en las minucias de elaborar su obra.

Manuel M. Ponce vive en Cuba; da conciertos para subsistir. Ramón López Velarde ronda con su primera publicación.

El artista Francisco Goitia es un soldado más en las huestes de la movilización popular.

En Zacatecas, Antonio Acuña Navarro es el hombre que reúne el pasado y presente. El pasado porque su padre fue un político excluido del arecheguismo. Presente porque es el secretario de Gobierno, habla inglés, está casado y vive en la calle de La Compañía.

Su pasado y presente reúne la oposición católica y la disidencia maderista. Una minucia: el testigo de su boda civil es Rafael Ceniceros y Villareal, el ícono opositor de las leyes de Reforma.

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