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 Extinción de la ciudadanía 
José Luis Guardado Tiscareño 06-11-2013 20:10 hrs

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Liga Corta




Hoy en nuestro país la perdida de civilidad, la desconfianza en las instituciones, la fuerte apatía en torno a los problemas sociales, el desinterés por los asuntos públicos, entre otras cosas; nos han llevado al límite de la extinción de la ciudadanía, lo que provoca que a pesar de presumir ser un país democrático, verdaderamente estamos lejos de serlo.

Mientras otros países siguen apostando por la consolidación de la participación ciudadana y nos presentan claros ejemplos de cómo considerar a sus habitantes para la decisión de los asuntos públicos; hace un par de días en algunas ciudades de los Estados Unidos, se realizaron una serie de consultas, en los cuales los ciudadanos ejercerán su derecho a definir la posible implementación de nuevas legislaciones y acciones gubernamentales.

Por ejemplo en Colorado se puso a consideración de los ciudadanos una iniciativa de ley, de carácter fiscal, que busca gravar con impuestos el consumo de la marihuana; cabe señalar que la despenalización de esta droga también fue resultado de una consulta popular; por otra parte los habitantes de Houston, tendrán el derecho de definir el futuro de uno de sus edificios emblemáticos: el Astrodome.

Con este tipo de consultas el gobierno legitima sus acciones y pone en manos de los ciudadanos las decisiones que repercutirán en la vida cotidiana de la sociedad. Por lo que me obligo a reiterar la pregunta que he hecho con anterioridad: ¿porque en México no importa lo que su sociedad pueda opinar o pensar sobre los temas públicos de los que son parte?

Otro gran ejemplo, sobre la inclusión social sobre decisiones de relevancia, es la que ha anunciado, una de las instituciones más conservadores y cerradas del mundo: la Iglesia Católica; el Papa Francisco ha anunciado la implementación de una encuesta que busca conocer y tomar en cuenta la opinión de los católicos del mundo sobre el divorcio y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien es cierto que dicho ejercicio puede resultar cuestionable, por lo vinculante que este pudiera llegar a ser, sin duda es una acción que permitirá recuperar y ganar la confianza de los escépticos en torno a las acciones de la Iglesia.

Mientras esto sucede en algunas partes del mundo, en México nos alejamos más en consolidar una verdadera democracia. En el contexto actual, donde el Congreso de la Unión analiza varias reformas que pueden afectar o beneficiar a la sociedad, a través de un reportaje del periódico el Universal y de la BBC, se exhiben actos de corrupción y de influyentísimo de actores que representan los intereses gubernamentales y de los poderes facticos (banqueros, televisoras, empresarios, etc) para incidir en la decisión de los legisladores, a cambio de beneficios personales; entonces ¿a quién representan los diputados y senadores de nuestro país? ¿A quiénes votamos por ellos o al mejor postor?

En el escenario local, no nos quedamos atrás y para mejor ejemplo: en una actitud de exclusión ciudadana, se desmantela y se reparte entre los partidos políticos el único órgano que generaba condiciones de participación ciudadana, el IEEZ. Demostrándonos nuevamente que los intereses partidistas y de grupo son más importantes que el beneficio social. Lo anterior atenta contra todo principio democrático y de inclusión ciudadana, llevándonos de facto a una partidocracia.
 
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