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Libertad de expresión y democracia
Juan Francisco del Real Sánchez 11-06-2014 21:00 hrs

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El día de la libertad de expresión en México, celebrado el pasado 7 de junio fue instituido por el presidente Miguel Alemán en 1951, posteriormente se formalizó el Premio Nacional De Periodismo a los más destacados profesionales en el área, tanto en prensa escrita como electrónica en los diversos campos periodísticos.

Fecha establecida como una medida para recordar a los gobiernos en todos sus niveles y a la sociedad en general de todos los países, el compromiso de respetar la libertad de palabra, información o expresión y la facultad de manifestarse contra cualquier restricción a este derecho.

La historia de la humanidad ha sido una constante lucha por conquistar mayores espacios de libertad, lo que significa, asegurar a las personas la posibilidad de actuar sin condicionantes de ningún tipo.

Estos pueden ser sicológicos, cuando actúan sobre las ideas, los ideales y las concepciones del mundo; un condicionante generado por la posición social, o la posesión o no de la riqueza, es decir, la posibilidad de incidir sobre la conducta y sobre la voluntad de una persona en función de su riqueza o de su pobreza; otros condicionantes generados por la coacción, es decir, la posibilidad de condicionar la conducta o la voluntad de una persona por medio del uso o amenaza de la fuerza.

La lucha por este derecho ha sido sinuosa, el periodismo ha alcanzado un nuevo papel, a pesar de ser considerada como una de las profesiones más peligrosas en México, sin embargo, la libertad de expresión es una tarea que corresponde a todos y es fundamental para poder caminar hacia una democracia consolidada.

Respetar la libertad de expresión de las personas, es sin duda, respetar nuestra propia libertad.

La libertad de expresión que ahora se muestra en todos los medios de comunicación, sea diarios, revistas, radio, medios electrónicos y aún en la televisión, no se compara con la del siglo pasado cuando fue instaurado el Día de la Libertad de Expresión, como menciona el historiador Enrique Krauze: “existe una independencia, el poder ejecutivo ha dejado de ser, en buena medida, el cliente al que todos buscan e invocan, y por cuyo favor son capaces de matar o morir. El nuevo cliente, la nueva fuente de autoridad y legitimidad no está arriba, en la cúspide de la pirámide, sino abajo, en la plaza: es el público ciudadano, radioescucha, televidente, lector y elector.”

Para consolidar una democracia también es necesario consolidar una prensa moderna, profesional, plural, que informe sobre los hechos, no los fabrique; medios de comunicación plurales que diviertan, instruyan e informen, pero de nada servirá tener muchos periódicos, si hay pocos lectores. El trabajo nos compete a todos.
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