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Liquidación que ofende 
Juan Francisco del Real Sánchez 30-10-2013 22:10 hrs

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En platica con una maestra de primaria próxima a jubilarse, comentó la precaria cantidad económica que perciben después de sus treinta años de servicio docente, no únicamente por estar frente al aula, sino también como parte de una preparación constante, capacitación y una maestría, pero sobre todo, la satisfacción de haber formado y educado a varias generaciones de niños, dicho esfuerzo merece, sin duda, un digno retiro y reconocimiento. Caso contrario sería el costo beneficio que representan los consejeros electorales del IFE, quienes percibirán cuatro millones y medio de pesos como liquidación, por siete años de servicio. Situación desigual digna de reproche, que resulta ofensiva para la sociedad y para esas maestras y demás trabajadores que dedican su vida al servicio público.

Estas liquidaciones resultan ofensivas en un país con una enorme desigualdad social, millones de mexicanos sumidos en la pobreza, y muchos de ellos con hambre, mientras que otros tantos sobreviven día a día buscando mejores oportunidades. El despilfarro es causa de indignación cuando existe un número importante de necesidades básicas insatisfechas, recursos que podrían ser dirigidos al mejoramiento de los servicios públicos. Resulta indispensable abrir el debate parlamentario sobre los altos sueldos que perciben los ciudadanos especializados, encargados de organizar las elecciones en México.

Entre los argumentos fuertes usados para apoyar la creación del denominado Instituto Nacional de Elecciones se encuentra precisamente, el aspecto económico, ya que resulta ser un organismo de los más onerosos en el mundo, con sueldos excesivos y un aparato que tiene su principal carga de trabajo únicamente en los procesos electorales, por lo que es necesario replantear no sólo la efectividad de sus objetivos, sino también optimizar sus recursos humanos y financieros con la finalidad de ser un instituto con respaldo ciudadano, no lo contrario.

Ante tal circunstancia, es necesario que los órganos electorales, así como también los servidores públicos integrantes de los poderes del Estado, cuenten con un marco regulatorio que limite las grandes percepciones de los funcionarios, en un sentido de austeridad republicana que permita redirigir el gasto a las necesidades apremiantes, y de esa manera palear la desigualdad social.

Los principales cuestionamientos que se deben plantear son: ¿Existen otros países que organizan las elecciones de una manera más económica? ¿Cuál es la mejor manera de contar con un sistema electoral que cueste menos? A pesar de ser la democracia mexicana muy peculiar, es un hecho doloroso el gasto excesivo que cuesta organizar las elecciones, pagar la burocracia del instituto, y además liquidar exorbitantemente a cada uno de sus consejeros; situación que debe cambiar, se puede ser eficiente con menos recursos, al final no se trata de escatimar recursos para la democracia, se trata de que en una democracia son inconcebibles los derroches.

*Presidente de Jóvenes Comprometidos AC
Twitter: @jfdelreal
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