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Reflexiones
Madres ausentes
Isabel Orendain 23-10-2014 21:29 hrs

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Liga Corta




Cortesía / Un niño que no se relaciona con su madre, por trabajo u otra circunstancia, es un infante con estructuras inferiores comparadas con los que sí tuvieron a su madre.
No es regla general, pero está comprobado y yo lo he visto que una madre que está ausente causa resentimientos en los hijos y esto daña fuertemente tanto la relación madre hijo como a la personalidad del niño.

Por ausente, me refiero a las madres que trabajan fuera de su casa como a madres que sin trabajar no están al pendientes de sus hijos.

Por más que quieras cubrir todas las necesidades y todos los momentos de tus hijos estando ausente no se puede.

Conocí a una mamá que tenía a sus hijos chiquitos, trabajaba con su esposo y cuando dejó de hacerlo su niña de cinco años estaba muy agresiva con ella.

El consejo que le di fue que hablara con ella abrazándola y le dijera cuanto la quería y que le explicara porque había estado ausente todo ese tiempo. La niña entendió y bajó su agresividad.

Otra señora, que no ha dejado de trabajar, su hija de un año y medio ya la rechaza y prefiere irse con su papá, a la mamá la desprecia y la relación no es nada buena y la infante tiene menos de dos años.

Uno pensaría que, al pasar los años, los hijos olvidan y perdonan, muchos sí lo hacen, pero otros no lo pueden hacer y traen el resentimiento muy adentro.

En una ocasión, una muchacha de 32 años expresó a su mamá todos sus resentimientos, tuvieron una discusión muy desagradable pues no le podía perdonar su ausencia y la relación entre ellas es muy mala.

Las conclusiones de una dueña de guardería en Chile, Marta Montaldo, son tajantes: las madres son irremplazables, sobretodo en los dos primeros años de vida.

Dejar al bebé en otras manos es dañino. Estas ideas las expone en su libro ¿Dónde estás, mamá?, publicado recientemente por Catalonia.

El libro se basa en la teoría de un pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott que argumenta que los dos primeros años de un niño determina su futuro.

Esa hipótesis la comparte Montaldo y también la neurociencia actual, basándose en que los estímulos que recibe un bebé, sobre todo de su madre, determinan sus estructuras neuronales.

La relación que tiene un hijo con la madre en su infancia, se interpreta y queda registrada en el cerebro.

Cada vez que un bebé se relaciona con su mamá, las neuronas van tomando forma y se conectan entre sí.

Por ejemplo, si la mamá es relajada y no se estresa excesivamente con la crianza, él incorporará en su cerebro esa tranquilidad y confianza.

También se ha demostrado que niños que no tuvieron una buena relación materna frente a otros que sí la tuvieron, tienen estructuras cerebrales diferentes y, por lo mismo, respuestas distintas.

El hijo que tiene un apego firme con su mamá, tendrá un cerebro más flexible y adaptativo. Por lo tanto, una relación maternal es lo mejor.
 
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