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Cosas de Jerez
Manuelito, un ciego que veía con los ojos del alma
Javier Torres Valdez 26-03-2014 22:10 hrs

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Liga Corta




En algunas de las escasas y quietas noches jerezanas, todavía nos parece ver la figura de Manuel Valdez, aquel “cantador” ciego, que noche a noche recorría las tabernas (como así las llamaba) de la ciudad, buscando algún parroquiano que al calor de las copas le pidiera alguno de los numerosos corridos de la revolución.

Su ceguera jamás le impidió salir a las calles y recorrerlas palmo a palmo con una seguridad que asombraba. Cierta vez y luego de una fuerte tormenta, Manuel salió con su guitarra a la espalda y al llegar a cierta esquina, afirmó la pisada y brincó un charco que había dejado el agua de lluvia. –Caray Manuel, ¿Cómo le haces, hueles los charcos o sientes la humedad en el aire?.

Me contestó; Ni huelo los charcos, ni siento la humedad en el aire, el brincar un charco es un proceso de lógica y memoria, pues hace tanto tiempo que llovió, en consecuencia hay charcos en algunas esquinas de la ciudad y como alguna vez me metí en ellos, recuerdo donde están y de qué tamaño son y como decía, el paso de la lluvia deja humedad en el ambiente y si fueras más observador, verías que traigo mi guitarra protegida con una funda plástica.

Poco pude responder ante sus contundentes razonamientos y cuando reanudó su marcha me quedé observándolo y vi que al pasar frente a ciertos domicilios, saludaba por su nombre a los que ahí laboraban o vivían.

Él decía que recordaba la letra de más de cuatrocientos corridos de diferentes temas, revolucionarios, caudillos, tragedias amorosas, de actos heroicos, venganzas o injusticias, le escuché muchos de ellos, pero jamás conté cuantos fueron.

Su vida estuvo salpicada de anécdotas y de bromas que sus mismos hijos le hacían, ya que siempre al despedirse, lo hacía con el consabido: ¡Ahí nos vemos!

En su recorrido por las cantinas de Jerez, muchas veces se hacía acompañar por otro invidente al que todos conocían como El ciego Ramón, quien aceptaba sus regaños cuando se equivocaba de calle.

Manuelito le decía: ¿Pos´ que no ve por dónde anda?, Ramoncito respondía: - ¡Pos como voy a ver...! Pos´ con los ojos de la inteligencia, porque si no está más ciego que yo.

Aquiles Valdez, hijo de Manuelito, maestro de guitarra clásica en el Tecnológico de Ciudad Juárez y en la Universidad de El Paso, Texas, cuando venía a Jerez, le preguntaba a su padre y a Ramón: ¿A ver, díganme cómo le hacen, andan todo el día juntos y no se pueden ver?

La ceguera de Manuelito, no le impidió conocer las grandes obras de la literatura universal, pues siempre, alguno de sus hijos deleitó su tiempo libre leyéndole páginas de libros famosos.

Enseñó a muchos paisanos a “pulsar” la guitarra, entre ellos a su hijo Aquiles, (qepd) mientras que su hijo Roberto prefirió el violín, ambos han sido músicos de renombre, mientras Aquiles logró que reconocidas casas de música le impriman sus composiciones, Roberto ha sido considerado como uno de los mejores violines gitanos de América.

Al morir Manuel, se llevó en su memoria interminables narraciones sobre un Jerez ya desaparecido, con los cambios que los tiempos dan, y dentro de las tinieblas de su ceguera conocía a su pueblo y sus personajes mejor que muchos que podrán ver, pero jamás observan, que podrán oír, pero jamás escuchan.

Murió Manuelito! y la voz se corría por todo el pueblo, al conocer la noticia, razonamos que jamás moriría en el recuerdo de quienes lo conocimos y tratamos. Hoy con agrado retornamos su presencia para compartir en la memoria algunas horas de plática amable en el rincón de alguna cantina.
 
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