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Mensajeros de paz
Juan Carlos Ramos León 20-10-2013 21:30 hrs

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Así, en plural. Es obvio que esta nota se inspira en la reciente visita del Dalai Lama a estas tierras, pero pluralizo el título porque resulta que él no es ni ha sido el único.

Multitudes nos arrebatamos los boletos para poder asistir a lo que la propia publicidad del evento anunciaba como “una oportunidad única en tu vida”. Los asistentes estuvimos motivados por diferentes causas tales como la afinidad con su corriente religiosa o ideológica, la búsqueda de un complemento a nuestra formación humana o hasta la simple curiosidad.

El caso es que todos, al aparecer en escena el personaje, nos pusimos de pie y lo recibimos con un aplauso para después esperar en ansioso silencio sus palabras.

No cabe duda de que se trata de un auténtico mensajero de paz, un hombre de Dios. Su mensaje fue muy conciso, sencillo e irrefutable: “demos a las cosas del espíritu la importancia que tienen y su supremacía sobre las cosas de la materia, sólo así seremos felices”.

En lo personal le doy gracias al Dalai Lama por andar recorriendo el mundo para difundir con su palabra y testimonio esta maravillosa filosofía, pero me pregunto ¿De verdad tiene que venir desde lejos un hombre para que entendamos este principio? Yo soy católico y los sacerdotes que celebran misa todos los domingos ¡es lo que se la pasan predicando! Asumo que algo similar ocurre en las celebraciones de culto de los distintos credos que se profesan por aquí.

¿Qué pasa entonces? ¿Cambiarían nuestros corazones después de escuchar atentamente al Dalai Lama? Yo les aseguro que no. Lamentablemente, no. Como no cambian cuando salimos de misa (o del culto a que acudamos), de un retiro espiritual, de una conferencia de valores humanos, de escuchar el testimonio de quien se salvó de la muerte tras un trágico accidente, de llorar mares cuando vemos las cápsulas del Teletón…

Los seres humanos somos muy duros de corazón. El propio Jesucristo lo sabía cuándo dijo aquello de “ni aunque un muerto resucite”.

Reflexione usted mismo, apreciado lector. ¿Cuántos mensajeros de paz han pasado por su vida? ¿Es usted un antes y un después de cada uno de ellos? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Qué más necesita para encontrar paz en su vida?

San Agustín escribía: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. En sus palabras, de corte totalmente religioso, se deja ver ese anhelo natural del hombre por lo sobrenatural, lo espiritual.

El hombre es materia y espíritu. La primera se acaba, lo segundo trasciende. No hay forma de contradecir este principio. Nos preocupa más lo primero que lo segundo pero en nuestro interior sabemos – y en verdad lo sabemos- que la cosa es al revés porque ahí tenemos sembrada la semilla de eternidad que puso Dios mismo.

Gracias, mensajeros de paz.
 
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