×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Morir 
Juan Carlos Ramos León 29-09-2013 21:10 hrs

Compartir

×


Compartir



Liga Corta




“Morir sólo es morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva.

Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba.”

Tomo prestadas estas bellas palabras escritas por el extinto sacerdote español José Luis Martín Descalzo, para reflexionar sobre el reciente fallecimiento de otro hombre de Dios, el Padre Gerardo Sixto Mazzocco.

En lo personal siempre he profesado una profunda admiración y respeto por los sacerdotes. Ellos por elección libre y voluntaria deciden renunciar a modelos de vida ordinarios para dedicarse de lleno a un ministerio tan poco valorado –y hasta cierto punto despreciado- como lo es el cuidado del alma del ser humano.

Hay sacerdotes infieles, sí, como hay malos doctores o maestros; pero yo estoy seguro de que por cada caso de un sacerdote que es motivo de escándalo existen varios cientos que son auténticos santos en vida; lamentablemente esos casos no son noticia.

Gerardo Mazzocco fue llamado por Dios al sacerdocio y él respondió generosamente con su sí; el miércoles pasado recibió también de Dios un nuevo llamado, en esta ocasión para sentarse con Él a la mesa del banquete eterno.

Cuando un hombre como él -de los que tanta falta le hacen a nuestra decadente sociedad- deja este mundo, me consuela pensar que lo que en verdad sucede es que Dios los ha amado tanto que no quiere resistir un momento más sin llevarlos a su lado y que, igualmente, el llamado a estar en su presencia se convierte para ellos un gran premio, alcanzar una meta, realizar el mayor de sus anhelos.

Los ves trabajar en nuestro mundo tendiendo puentes hacia el otro para que todos crucemos, y lo hacen con tal entusiasmo que su alegría se desborda y contagia; viven aquí con la certeza de que su lugar está en el cielo y que sólo están de paso, y nos ayudan a nosotros a convencernos de esa idea, de que esta vida es sólo un tránsito hacia la vida verdadera, junto a Aquel que un día nos pensó, nos amó y entonces nos creó.

Son las lámparas que se ponen sobre la mesa para iluminar nuestras horas obscuras, brindarnos consuelo en los momentos difíciles e impedir que abandonemos la esperanza cuando los golpes de la vida pretenden arrebatárnosla.

Son hombres que se ponen faldas, hecho para el cual se requiere de muchos pantalones; su máximo ideal es subirse a la cruz junto a Jesús para entregar, como Él, sus vidas por el mundo entero. Son idealistas, locos, soñadores; pastores de un rebaño que no sabe a dónde ir y necesita de una guía.

El cielo se ha puesto de manteles largos para dar la bienvenida al Padre Mazzocco; aquí se siente el vacío de su ausencia pero la obra maestra que construyó con su vida permanecerá en nuestra memoria por siempre.

Descanse en paz.




*Ciudadano de a pie
soyciudadanodeapie@gmail.com
Tags