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Poner a tiempo el reloj 
Sigifredo Noriega Barceló 02-09-2014 21:30 hrs

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Liga Corta




Escuché la invitación en la radio, al caer la tarde, en un programa llamado La vida vivida. Él y las comentaristas propusieron la reflexión sobre las personas mayores de edad, ancianitos, viejitos, abuelos.

Referían poner a tiempo el reloj a la aceptación del reloj de la vida con todo y sus horas de sol y de luna.
Tiempo de humildad o de orgullo. Tiempo de gozo al disfrutar a los nietos, de despedidas, de aniversarios, de… I me hizo pensar la opinión sobre la forma de ser del anciano: es el reflejo de lo que vivió y fue en su juventud.

Cuando empezamos a vivir no tomamos en cuenta el paquete completo: pensamos poco acerca de lo que la vida incluye, da, pide, exige, apapacha.

Cuando cruzamos la adolescencia soñamos en lo mejor, preparamos y tomamos decisiones en la esperanza de lograr la felicidad, al alcance de nuestras manos. En fin, aceptamos la vida como venga pero, rara vez, nos preparamos para la jornada final.

El programa de radio dejó de un lado la dimensión espiritual y moral de la última jornada de la vida; la trascendencia se quedó en la herencia genética de los descendientes y en la satisfacción de tenerlos.

Sin poner a tiempo el reloj de la fe, la última (la primera y las intermedias) jornada de la vida complica su sentido, la aceptación de las cruces inevitables del camino y el logro total del paquete de la vida.

El domingo pasado fuimos testigos de la magnífica y atrevida confesión de fe de Pedro: "Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo". Al escuchar el pasaje de este domingo vemos que Pedro no se dio cuenta del alcance de su confesión de fe, del poner a tiempo el reloj de la fe. Cuando Jesús anuncia que el paquete de la fe (y/en/de la vida) incluye la pasión, muerte y resurrección, Pedro se despista.

Con el tiempo tendrá que repensar el alcance de su fe en Jesús, hijo de Dios vivo, es cuestión de vida plena, en cualquier jornada de la vida.

¿Qué implica confesarnos cristianos católicos en el siglo 21 de nuestra era? Lo mismo que hoy escuchamos: “negarse a sí mismo, tomar la cruz de cada día y seguirlo”. Cambian el contexto, las circunstancias, el entorno. Ser buen cristiano es aprender a ser buen cristiano hoy, en cualquier jornada y circunstancia de la vida.

Aprender a ser buen cristiano y serlo a tiempo completo implica hacer todo lo que nos espera a partir de la confesión de fe en Jesús, el hijo de Dios vivo.

Poner a tiempo el reloj de la fe ha de ser una tarea permanente. Nos contentarnos con bautizar, confirmar y hacer la primera comunión. Jesús nos puede decir chamucos, diablos, Satanás si. Aplica también para nosotros cristianos digitales, globalizados, consumidores de las últimas tecnologías.

Iniciamos septiembre. Pongamos a tiempo el reloj de la fe en Cristo, hijo de Dios vivo. Bendiciones abundantes, en cualquier hora de la vida.
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