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El Recreo
Riesgo de retroceso
J. Luis Medina Lizalde 18-05-2014 22:00 hrs

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No miden las consecuencias los impulsores de trasladar al ámbito local el retroceso que a nivel federal impuso Enrique Peña Nieto al reintroducir la reelección, primero, al excluir a gobernadores y presidentes de la República y limitar el número de veces en que se podrá ser reelecto.

Así se introduce la ominosa posibilidad de una ulterior reforma para la reelección indefinida de legisladores, presidentes municipales y, sobre todo, de presidentes de la República y gobernadores.

Si Miguel Alonso comparte el propósito regresivo, el Congreso local consumará el paso atrás, olvidando la trágica historia que empezó con la decisión de reelegirse del gran Benito Juárez, quien con su postura le dio bandera a Porfirio Díaz, que intentó derrocarlo sin éxito.

Pero en su segundo intento, ya contra Lerdo de Tejada, emergió triunfante y se instaló en el poder durante 30 años mediante reelecciones sucesivas fraudulentas y sangrientas. Entre sus abominables saldos, incluyó el asesinato del ilustre zacatecano general Trinidad García de la Cadena.

La consigna política de la insurrección maderista, además de la efectividad del sufragio, hizo de la no reelección causa suprema. Derrocado el viejo régimen, el general Álvaro Obregón pagó con su vida su ímpetu reeleccionista, cuando hasta ese momento la clase política se rendía ante la evidencia de que una de las grandes claves de la estabilidad del sistema político en construcción era la no reelección.

La génesis del sentimiento antirreeleccionista de los mexicanos reside en la captura de los procesos electorales por el grupo gobernante, que hace ilusoria en un alto grado la disputa del poder público legal, equitativa y exenta de trampas, circunstancia que prevalece a pesar de innegables progresos. Y si usted abriga dudas al respecto, repasemos algunos datos de la coyuntura local.

Nos encontramos en la fase en la cual la lucha por la sucesión se dirime al interior del grupo gobernante, entre aspirantes que no cultivan respaldo ciudadano para la nominación. El senador Alejandro Tello se asume como proyecto de Miguel Alonso; Carlos Puente, como cuota del duopolio televisivo; Carlos Peña, como el plan B de Miguel Alonso y Pedro de León Mojarro, como “candidato del centro”.

Cuando los candidatos surgen de arriba, desde arriba se les lleva al triunfo por las buenas o por las malas; para eso se dispone de recursos públicos variados. En esa realidad estamos.

La simulación como sistema
Inicialmente, se busca solo la reelección de presidentes municipales y legisladores; para los primeros se argumenta la insuficiencia de tiempo para una satisfactoria gestión. Entonces, ¿por qué no ampliar el ciclo de duración uno o dos años más en vez de la reelección? ¿y por qué no incluir, en todo caso, la revocación del mandato en ayuntamientos y en el Congreso local?

Se argumenta a favor de la reelección legislativa que con la misma se elimina la improvisación en las dos funciones básicas del legislador en cuanto integrante de un órgano colegiado, la función de legislar y la de fungir como contrapeso al Ejecutivo.

Aquí cabe señalar que al electorado se le induce a valorar a su diputado en función de su presencia física en el distrito que representa. Para ello, además de recibir la lluvia de peticiones, debe acudir surtido de balones, lentes, despensas, becas, equipos escolares y toneladas de cemento.

No debe perderse bautizos, 15 años y bodas y debe ser padrino y compadre cuantas veces se le requiera. Semejante modus operandi produce dos consecuencias igualmente dañinas: una, la del inevitable incumplimiento de las dos funciones básicas del legislador, al trasladar el esfuerzo de estudio, consulta y cabildeo para legislar a los asesores o a los empleados del Congreso e incumplir las tareas de vigilancia para “asegurar la buena marcha de la administración pública”.

La otra consecuencia, igualmente perjudicial para la vida pública, es la dependencia de la buena voluntad del gobierno para disponer de becas, despensas, sillas de ruedas y demás cosas a repartir, lo que anula la elemental autonomía sin la cual no se puede cumplir con decoro la misión constitucional.

Partidocracia, al asalto
La reelección es apoyada por las élites partidistas porque representan la ocasión de perpetuarse junto con la parentela y allegados; es el marco ideal para la partidocracia.

En vez del impulso regresivo que se pretende, la Legislatura local está en condiciones de prestar un gran servicio a Zacatecas al legislar para emparejar los procesos electorales locales con los federales, como ya lo han hecho otras entidades federativas.

Eso sí sería un paso adelante; hasta en eso, que no cuesta, nos vamos quedando atrás. Algún día la reelección será el camino de permanencia en el cargo de los mejores, hoy no es así.

Nos encontramos el jueves en El recreo.
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