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Travestis, en un entorno más difícil
Heraclio Castillo 03-08-2014 21:00 hrs

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La discriminación y la violencia son tan solo una parte de lo que viven los travestis que se dedican al trabajo sexual, un oficio que trae riesgos para hombres y mujeres dedicados a él, incluyendo la posibilidad de contraer infecciones de transmisión sexual ante la falta de regulación sanitaria.

Crystal, como es conocida, refiere que la labor de “transformarse” puede llevar alrededor de tres horas, desde la depilación, el tratamiento facial, el maquillaje, el denominado “truco” (esponjas recortadas para formar una silueta femenina de caderas anchas, moldeadas bajo tres o cinco pares de medias de diferentes tonalidades), hasta la vestimenta.

Posteriormente, la rutina de trabajo comienza alrededor de la una de la mañana, cuando se coloca en algún punto de encuentro en la zona conurbada. En la capital, refiere que con frecuencia los travestis encuentran a sus clientes donde comienza la avenida Rayón, en el Jardín Independencia o en áreas cercanas a la Plaza Futura y la explanada del ferrocarril.

También en Guadalupe hay puntos de encuentro, aunque son áreas alejadas de la mancha urbana, como Tránsito Pesado, la avenida de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el crucero de Villas de Guadalupe o, hasta antes de las obras de rehabilitación, la calle Guerrero.

Cambian de centros de trabajo
Hace unos años el principal punto de reunión era la Zona de Tolerancia; sin embargo, Crystal refiere que hubo problemas con grupos delincuenciales que impedían laborar más ahí. Por eso decidieron salir a las calles.

La Vero, quien lleva cerca de 10 años como trabajador sexual, expresa que “hay clientes para todo”, aunque coincide con otras compañeros de trabajo en que “la gente más humilde es la que mejor te trata; a veces solo quieren a alguien que los escuche”.

Asegura que por noche llegan a atender hasta 10 o 15 clientes, según la temporada, pues en ocasiones “ni siquiera sacamos para el taxi”. La tarifa varía de acuerdo al tipo de trabajo que les soliciten, que por lo regular va de los 50 a 100 pesos por un sexo oral, hasta más de 500 o mil pesos por una relación sexual que dura en promedio 20 minutos.

No obstante, comenta que en ocasiones se ejerce la violencia en su contra por el hecho de ser travestis, con casos que incluso han llegado al asesinato. Esta violencia se suma a la presión ejercida por las corporaciones de seguridad, que limitan su campo de trabajo, por lo que este se ha vuelto cada vez más clandestino.

El trato
En la capital, trabajan en la avenida Rayón, el Jardín Independencia o en áreas cercanas a la Plaza Futura y la explanada del ferrocarril. En Guadalupe trabajan en áreas alejadas de la mancha urbana, como Tránsito Pesado, la avenida de la Sedena, el crucero de Villas de Guadalupe o, hasta antes de las obras de rehabilitación, la calle Guerrero.
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