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Una sorpresa, premio para Edín Alain Martínez
Raúl Silva 07-10-2014 22:30 hrs

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Cortesía / Edín Alain, con Mónica, su mujer, durante las grabaciones en Mazapil.
Cortesía / Edín Alain, con Mónica, su mujer, durante las grabaciones en Mazapil.
Cortesía / El cineasta trabajó la producción para darle una buena forma a su película.
Una serie de testimoniales sobre el desalojo de ejidatarios por parte de la minera Tayahua integra el documental Salaverna, que con poco presupuesto, pero mucha pasión logró conquistar el primer lugar de la séptima edición del Festival Internacional de Cine y Foro de Derechos Humanos de México.

Su realizador, el zacatecano Edín Alain Martínez, no esperaba que su trabajo fuera reconocido, ya que las películas que comúnmente ganan son grandes producciones apoyadas por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) o por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

Tradicionalmente obtienen el galardón películas que cuestan millones de pesos “y esta se hizo más de voluntad que de dinero”, menciona.

“No me lo esperaba (ganar)”, dice a Imagen entre risas, aunque agradece que un festival de esa proyección se haya inclinado por un trabajo tan modesto.

Este documental está confeccionado en una forma clásica, en la que se registra la cotidianidad de la vida, explica, y que quizás sin una obra virtuosa relata las injusticias sociales.

A su decir, en la decisión final pesó el contenido temático, además de la labor de investigación y el valor testimonial.

Para que un proyecto sea vistoso, el único camino que tienen los cineastas es la participación en los festivales, a fin de buscar el reconocimiento; de lo contrario, los proyectos se entierran solos, manifiesta Edín Alain Martínez.

Pese a que el documental social está muy arraigado, es difícil hacerlo.

Salaverna es un documental más clásico en su forma, dice, y que no se podía contar de otra forma más que a partir de testimonios.

El cineasta dejó en claro que este filme no se trata de una cuestión actoral o lucimiento personal, sino de exponer una problemática social que se ha generado a partir de la explotación minera y sus cuestiones negativas.

Durante un año, dedicó tiempo a la edición y a la producción, aunque lo más complicado fue lo primero, porque deseaba que no fuera solo una base testimonial, sino construir una película documental.
No es la intención del documental cambiar la industria minera, "no lo va hacer", sino que se hable de los problemas sociales que genera en las comunidades como el caso de Salaverna.

“He madurado mucho como realizador”, manifiesta, ya que ha aprendido a entender el lenguaje del oficio, pues antes era muy instintivo y ahora es más consciente de lo que busca por tener una visión más clara.
Ahora le gustaría filmar un largometraje más universal, ya que la ficción permite ser más accesible.
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