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Usted, ¿Tiene licencia de conducir?

Vidas en contraste 
Juan Carlos Ramos León 26-01-2014 21:00 hrs

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Liga Corta




En esta semana, el mismo día, pude ser testigo de dos contrastantes situaciones, ambas en las que intervinieron jóvenes.

Leí en un diario en línea que el estúpido niño norteamericano al que tantas ingenuas chiquillas se desmayan no más de verlo (no merece el calificativo de “cantante” y menos el de “artista”) fue arrestado en la ciudad de Miami por conducir a exceso de velocidad jugando carreras callejeras bajo el influjo de sustancias tóxicas.

Por otro lado, circulando por los callejones de nuestra hermosísima ciudad, para ser más preciso, en el antiguo camino a pie a La Bufa, me llamó muchísimo la atención encontrarme a un grupo de jóvenes congregados entorno a una de las cruces que se van ubicando a lo largo de dicho camino para rezar el vía crucis. Se encontraban, efectivamente, ejerciendo esta piadosa práctica cristiana.

Sobra decir que el primero de estos dos sucesos recibió -y sigue recibiendo- una cobertura mediática impresionante: que si ya lo citaron a declarar, que si cómo iba vestido, que si se burló del juez, que si el coche era de tal o cual marca, que si la droga que había ingerido era marihuana…

Casos como el segundo aquí descrito no son noticia. Lamentablemente no le interesan a nadie y se trata de cosas que nos ayudan a recuperar la fe en el ser humano.

Cuando un niño pequeño eructa con la boca abierta o dice una mala palabra y todos se lo festejan con la actitud de “ay mira qué niño tan simpático” lo único que provoca es que éste lo siga haciendo y vaya de mal en peor. Pues eso es lo que han logrado con este niño baboso que lo que necesita es que alguien lo meta a la escuela para que lo pongan en orden y no que le sigan festejando sus payasadas terminando de echarle la vida a perder.

La vida de los jóvenes que se situaban rezando entorno a la cruz es completamente anónima y su mérito es el de que podrían haber estado haciendo cualquier cosa como acostados en su casa viendo la televisión, simplemente, algo completamente lícito.

Ellos salieron a hacer lo que hicieron porque decidieron que su juventud sería más fecunda y feliz si optaban no sólo por evitar el mal sino por hacer el bien. Y como ellos abundan casos que, desafortunadamente, tampoco son noticia.

Jóvenes que llevan ayuda a la gente pobre en el invierno o que les regalan juguetes a los niños a cuyas casas no alcanza a llegar el niño Dios; jóvenes que se unen en coros y van a cantar en las misas de domingo a su Creador; jóvenes que donan sus vidas en el ascetismo de la vida consagrada y religiosa, en la búsqueda de la trascendencia, de una vida mejor.
 
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