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Villoro, la nueva escritura mexicana
Édgar Félix 06-10-2014 22:22 hrs

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Liga Corta




Me confieso un villorista desde que leí ¿Hay vida en la tierra? Una delicia de textos, con sus amarguras humanas, de 100 relatos del maestro escritor. Si andaban buscando un sucesor de Paz, de Fuentes, Villoro no lo es. Villoro es Villoro y tiene bajo las yemas de sus dedos y la hoja blanca que enfrenta todos los días el futuro heredado por Rulfo e Ibargüengoitia. Es un intelectual de las grandes ligas. Así que mejor dejemos las analogías para entenderlo y leámoslo.

Estaba decepcionado con los escritores mexicanos. Jorge Volpi me había convencido de que en este país comenzaba una época desértica de ideas cuando murió Fuentes. No por la falta de imaginación e inteligencia para construir historias o, siquiera, tan de moda, para escribir como entretenimiento como lo hace Xavier Velasco, quien no me mortifica del todo porque es muy bueno con sus textos, aunque sin el pedigrí de un escritor que trascienda. Juan Villoro es un intelectual, con mundos complejos, con un lenguaje excelso y con significados intangibles, tan fuera de la realidad que están presentes en el subconsciente de sus lectores.

De las historias de Villoro fluye ácido, limón, “miguelitos” y naranjas con chile del Tajín. No es un poeta ni escritor tardío como Paz ni de un golpe en llamas como Rulfo, sino un persistente escritor que todos los días entrega en alguna parte una crónica, un ensayo, un artículo y periódicamente una novela. No se trata del entretenimiento elemental y bien llevado de Benito Taibo o las historias de largo aliento de Paco Ignacio Taibo, sino de un escritor que transpira ideas. Villoro no es ninguno de ellos, pero es mexicano por como escribe.

Será de la nueva ola del sarcasmo mágico tan de estos lugares aztecas y caxcanes, tan ladino como ese universo lleno de ideas que abre mundos cerrados. La irreverencia de Villoro nos lleva a entender del por qué respeta lo sustancial y se ensaña sin contemplaciones con la debilidad humana. Hace tiempo leí alguna crónica que me encolerizó por la forma como se burló de un animoso guía turístico de Chichen-Itzá. Toda persona merece respeto, claro, pero Villoro lo despedazó como el guía despedazaba la historia. Ofrendó el corazón de este hombre al estilo Maya y anduvo con su piel un mes como lo hacían los aztecas. Rasguño innecesario.

Si usted está pensando en seguir y leer un escritor mexicano que valga la pena le recomiendo a Villoro, aunque no me gusta eso de las recomendaciones porque interviene siempre la percepción personal.

Pero, sí estoy seguro que de Villoro se hablará en los próximos años y será un duro contendiente en las letras mexicanas. De largo aliento como la Poniatowska, pero con la fortuna de leernos afortunadamente en cada una de las páginas.

Y, claro, en México vienen nuevos tiempos para la escritura. Hay nuevos jóvenes que comienzan a fortalecer eso que llamamos la esencia del escritor mexicano. Son otros tiempos, otras letras, pero las mismas ideas.

Periodista freelance
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