

El alma de la cocina estuvo a cargo de un grupo de mujeres originarias de diversas comunidades de Fresnillo, quienes resguardan el sazón tradicional zacatecano.
Desde las 5:00 de la mañana, las cocineras encendieron los fogones utilizando exclusivamente leña, rechazando parrillas de gas para mantener intacto el sabor del mole y las sopas que comenzaron a hervir en enormes cazos.
FRESNILLO.— En una muestra de fervor que desafía las dificultades cotidianas y exalta la identidad comunitaria, el empresario local Jesús “Chuy” Badillo encabezó este viernes la tradicional entrega de la reliquia en honor al Sagrado Corazón de Jesús, una promesa de fe que sostiene desde hace casi tres décadas y que anualmente congrega a miles de personas en la cabecera municipal.
Lo que comenzó como un compromiso personal y familiar hace alrededor de 28 años, hoy se ha convertido en uno de los actos de piedad popular más significativos de la región.
Lejos de responder a una manda motivada por problemas de salud, Badillo aclaró de forma contundente que el motor de esta masiva actividad es el agradecimiento absoluto por las bendiciones recibidas en su vida y en sus actividades comerciales.
“Fue un gran agradecimiento, la verdad.
Somos gente agradecida y sabemos de vida. Hemos podido compartir con la gente nuestras ganancias y, en base a eso, fue que decidí formalizar con mayor fuerza esta reliquia de forma ininterrumpida. Es algo que no vamos a dejar de hacer”, afirmó conmovido el empresario durante los preparativos del evento.
La jornada comenzó desde la madrugada. A partir de las 4 de la mañana Badillo se dispuso a coordinar las labores de limpieza y el montaje del altar, el cual este año lució engalanado con cinco imágenes del Sagrado Corazón, todas de su propiedad, adquiridas o recibidas como obsequios entrañables a lo largo del tiempo.
El alma de la cocina estuvo a cargo de un grupo de mujeres originarias de diversas comunidades de Fresnillo, quienes resguardan el sazón tradicional zacatecano.
Desde las 5:00 de la mañana, las cocineras encendieron los fogones utilizando exclusivamente leña, rechazando parrillas de gas para mantener intacto el sabor del mole y las sopas que comenzaron a hervir en enormes cazos.
A pesar de que las agendas de los sacerdotes locales impidieron la celebración de una misa formal en el sitio, el fervor no disminuyó.
Los asistentes y organizadores se unieron en un devoto Rosario. “La voluntad es al final de cuentas lo que vale, y sobre todo el ser agradecido con Dios”, explicó Badillo, visiblemente orgulloso del impacto que esta festividad genera en la sociedad fresnillense, logrando reunir históricamente a más de 2 mil familias.
Finalmente, pasadas las 14:00 horas, las monumentales ollas comenzaron a repartir el alimento a la multitud que ya aguardaba en fila, consolidando una jornada donde la fe, la gastronomía y la filantropía demostraron ser el pilar que sostiene la esperanza en momentos complejos.
“Tengo problemas muy, muy grandes, pero no perdamos la fe. Esa gente que pierde la fe, de verdad lo pierde todo. Es lo único que nos sostiene en este mundo… sin fe ya no tiene sentido la vida”, concluyó.