

Gerardo-Luna-Tumoine-2024-Opinion
Las grandes culturas no sólo se distinguen por su historia, sus monumentos o su gastronomía. También por las palabras y expresiones que nacen de la vida diaria.
¿Puede una simple despedida revelar la forma en que un pueblo entiende la vida?
El escritor uruguayo Eduardo Galeano pensaba que sí. En una entrevista confesó que una de las expresiones mexicanas que más le gustaban era: “Nos estamos viendo.” Le parecía una de las despedidas más hermosas que conocía.
Me sorprendió que un hombre tan sensible al lenguaje encontrara belleza en una frase que los mexicanos pronunciamos todos los días, casi sin pensar en su significado. Lo cotidiano se vuelve invisible para quienes lo viven, mientras quien llega de fuera descubre el valor de aquello que nosotros dejamos de apreciar.
Las grandes culturas no sólo se distinguen por su historia, sus monumentos o su gastronomía. También por las palabras y expresiones que nacen de la vida diaria. En ellas se esconde una manera de comprender el mundo.
En muchos idiomas existen despedidas semejantes. Todas expresan el deseo de volver a encontrarse. Pero la expresión mexicana posee un matiz especial.
No decimos simplemente “nos veremos”. Decimos “nos estamos viendo”.
Parece un detalle gramatical, pero no lo es. La frase está construida en presente, no en futuro. Como si el afecto no quedara suspendido hasta el próximo encuentro, sino que continuara vivo aunque cada quien siguiera su camino. No rompe el vínculo; deja abierta la posibilidad de volver a coincidir.
Quizá por eso nuestras despedidas suelen prolongarse. Un abrazo, unas últimas palabras junto a la puerta y, cuando parece que todo terminó, todavía escuchamos: “Cuídate… nos estamos viendo.”
Es una manera de decir: “Nuestra historia aún continúa.”
Las palabras no son simples sonidos. Poco a poco moldean nuestra forma de pensar y vivir. Un pueblo que se despide diciendo “Nos estamos viendo” aprende que las relaciones no son desechables, que vale la pena dejar abierta la posibilidad del reencuentro y que el afecto puede sobrevivir a la distancia.
Esa manera de hablar también explica algo de nuestra identidad. Los mexicanos concedemos un enorme valor a la familia, a los amigos, a los vecinos y a la comunidad. Nos gusta reunirnos alrededor de una mesa, visitar a los abuelos, acompañarnos en las alegrías y permanecer cerca cuando llegan las dificultades.
No significa que seamos perfectos. Tenemos diferencias y problemas como cualquier sociedad. Pero existe un rasgo que sigue distinguiéndonos: damos un profundo valor a los vínculos humanos.
Tal vez por eso, aun cuando millones de mexicanos viven lejos de su tierra, hacen un esfuerzo por regresar a ver a sus padres, hermanos, hijos o amigos de toda la vida. No es sólo nostalgia. Es una manera de entender la existencia. Para nosotros, la vida cobra mayor sentido cuando puede compartirse.
Vivimos en una época donde el individualismo gana terreno. Cerramos conversaciones con un clic, bloqueamos personas y damos por terminadas relaciones que quizá merecían otra oportunidad. Frente a esa realidad, esta expresión nos recuerda que los vínculos importantes no desaparecen porque dejemos de vernos. Permanecen en la memoria, en el cariño y en la esperanza de volver a coincidir.
Quizá por eso quienes visitan México hablan de la calidez de su gente. Pensamos que esa hospitalidad sólo se refleja en un abrazo o una comida compartida. Sin embargo, también habita silenciosamente en nuestro lenguaje. Hasta nuestras despedidas parecen abrazar.
Eduardo Galeano descubrió en esas tres palabras algo que muchos mexicanos dejamos de notar. Comprendió que el idioma no sólo sirve para comunicarnos; también revela quiénes somos. Cada generación transmite a la siguiente no sólo palabras, sino una forma de relacionarse.
Tal vez por eso no admiró únicamente una expresión mexicana. Descubrió una forma de entender la vida. Porque mientras muchas despedidas ponen un punto final, la nuestra deja puntos suspensivos.
Ojalá nunca perdamos esa manera tan nuestra de despedirnos. Porque un pueblo que todavía dice “Nos estamos viendo” sigue creyendo en el valor de la familia, de la amistad, de la comunidad y de los reencuentros.
Y quizá, en estos tiempos donde tantas puertas se cierran con facilidad, esa sea una de las mayores riquezas que todavía conservamos los mexicanos.
“Nos estamos viendo”