

Juan Carlos Ramos León.
Y Zacatecas, con todo mi dolor lo expreso, se ha apagado porque los gobiernos estatal o municipal parecen no estar interesados en otra cosa que el poder por el poder.
Tuve la oportunidad de colaborar en el ministerio de turismo del Estado de Zacatecas en los inicios de mi vida profesional. Con el paso de los años, diversos gobernantes que comprendieron la relevancia de esta actividad para el dinamismo económico de nuestro Estado, así como su potencial a nivel nacional y mundial, fueron dándole su lugar a la actividad.
Así, se han realizado importantes esfuerzos para dar forma a Zacatecas en un mejor “producto” turístico: Los festivales del Floklore Internacional, de Teatro de Calle y, por supuesto, el Festival Cultural, entre otros. Pero se han descuidado muchas cosas y no se ha hecho lo suficiente. Faltan mayor visión y profesionalismo en la planeación y ejecución del producto (como destino) y la promoción turística. Pero, lo más importante, falta continuidad. Gobiernos pasados llegaron a aportar mucho en este sentido: Alguno de ellos creó el slogan de “Deslumbrante” porque así lo era, junto con muchas de las estrategias que entonces se siguieron. Lamentablemente aquello se quedó ahí.
Y Zacatecas, con todo mi dolor lo expreso, se ha apagado porque los gobiernos estatal o municipal parecen no estar interesados en otra cosa que el poder por el poder y en demostrarse uno al otro (por ser de colores distintos) de quién son los chicharrones que truenan y, en esa pugna, en eso se ha convertido el antes majestuoso centro histórico de la ciudad: en un centro chicharronero, que lamentablemente sólo atrae al turismo tortero.
El ambulantaje y la suciedad, aunados a una degradada oferta de servicios turísticos como restaurantes dignos, tiendas de artesanías y hasta importantes boutiques han cedido su paso a comercios de baratijas chinas y expendios de micheladas y dorinachos. ¿A qué tipo de turismo atraería esto, si no?
En el pasado, el Estado no contaba con suficientes cuartos para hospedar a participantes de grandes congresos y convenciones. Ahora hay más hoteles, pero en sus mejores temporadas apenas rebasan el 50% de su ocupación si acaso. Y es que el turismo tortero generalmente no pernocta aquí. Y, así, los eventos comentados se convierten nada más en pan y circo para el pueblo zacatecano.
Hay que sumar a todo esto la prevaleciente percepción de inseguridad -bien fundamentada- que es ya casi una insignia de este destino turístico y que, no se puede negar, ha ahuyentado a los visitantes.
Zacatecas sigue siendo hermoso pero está descuidado. Tenemos maravillosos museos, zonas arqueológicas, reservas naturales y, no se diga, un centro histórico que todavía conserva una magia sensacional en las fachadas de cantera y los increíbles trabajos de herrería que adornan sus puertas y balcones. Ya hay importantes operadores de turismo local, grandes iniciativas que piden a gritos visitantes. Y la oferta hotelera es mayor. Lo que falta es un auténtico liderazgo, sin intereses políticos, que, con visión de empresa, le dé a nuestro Zacatecas el lugar que algún día tuvo y merece en la escena del turismo nacional y mundial.