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Luis Fernando Ojeda Ánimas

Con… Ciencia. El culto a la calificación… (I)

Con… Ciencia. El culto a la calificación… (I)

La solemnidad de los exámenes, el silencio forzado durante su aplicación y las hojas de respuestas que se entregan con nerviosismo.

Al preguntar a las personas adultas: ¿Qué recuerdan de su paso por la escuela?, su respuesta rara vez hace referencia a una calificación. Mencionan a un docente que los hizo pensar, a uno que les exigió demasiado, una clase que sacudió sus emociones, una pregunta que no tenía respuesta inmediata, un docente que les hizo atravesar por un momento incomodo. Recuerdan experiencias que les dejaron huella, no números que se olvidaron con el tiempo.

Como todo culto, la calificación tiene sus rituales muy bien establecidos. La solemnidad de los exámenes, el silencio forzado durante su aplicación y las hojas de respuestas que se entregan con nerviosismo. Por supuesto que también cuenta con sus dogmas incuestionables; “La calificación muestra el aprendizaje”, “no importa lo que no se evalúa”, “la calificación es muy objetiva”. Y por supuesto, tiene sus fieles seguidores: Alumnos que estudian para el examen, padres de familia que preguntan primero por la calificación y no por el aprendizaje, centros escolares que celebran promedios como si fueran sinónimo de calidad educativa, docentes que respaldan su autoridad en el otorgamiento de calificaciones.

Este culto a la calificación provoca que aprender deje de ser una experiencia intelectual y humana para convertirse en una estrategia. ¿Qué va a venir en el examen? ¿Cuántos puntos vale? ¿Esto cuenta para la calificación final?, Las verdaderas y genuinas preguntas acerca del conocimiento se hacen a un lado y quedan desplazadas por una lógica utilitaria: Acumular, aprobar, avanzar. El verdadero y profundo aprendizaje estorba cuando no se traduce rápidamente en puntos para la calificación.

En la escuela actual la calificación se utiliza para medir casi todo. Se mide el rendimiento, el avance, la eficiencia, la asistencia, el uniforme y hasta el silencio. Los docentes están convencidos de medir los aprendizajes de sus alumnos con números precisos, utilizan porcentajes exactos y obtienen promedios que aparentan ser incuestionables. Sin embargo, en medio de tanta medición, algo especial escapa, el aprendizaje es lo que verdaderamente es importante y rara vez se muestra en una boleta de calificaciones.

La evaluación es un concepto que surgió durante la revolución industrial para medir los procesos de producción, la evaluación escolar originalmente fue pensada como una herramienta para comprender el aprendizaje, sin embargo, con el tiempo se transformó en un fin en sí misma. Hoy la escuela utiliza la evaluación para clasificar, comparar, ordenar y calificar el aprendizaje. El número se transformó en sinónimo de verdad. Un ocho tranquiliza, un seis alarma, un diez consagra y un cinco condena. Poco importa y se deja de lado el proceso, el contexto o el trayecto recorrido, lo que cuenta es el resultado final, reducido a una cifra.

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