

Existe entre verdaderos amigos, entre padres e hijos, entre maestros y alumnos, entre vecinos y entre ciudadanos comunes.
¿Qué destruye a una sociedad? No es la violencia, ni la pobreza ni la corrupción. Todo inicia cuando nos olvidamos de corresponder al bien que recibimos. Cuando el agradecimiento desaparece, cuando las relaciones se vacían y la confianza se convierte en una especie en peligro de extinción.
En español existe una palabra casi eliminada del diccionario cotidiano y que describe exactamente una gran virtud que muchos seres humanos hemos olvidado: Redamancia, proviene del latín redamare y busca dar significado para corresponder al amor recibido. No se refiere únicamente al amor de pareja. Habla de la gratitud que se convierte en acción; de la capacidad para devolver con lealtad, compromiso y afecto todo aquello que alguien nos ha entregado sin exigir nada a cambio.
De esta manera, la redamancia es una gran virtud que supera con mucho el terreno del amor romántico. Existe entre verdaderos amigos, entre padres e hijos, entre maestros y alumnos, entre vecinos y entre ciudadanos comunes. Un profesor que emplea tiempo extra para ayudar a un estudiante siembra confianza; un alumno que responde con su mejor esfuerzo y disciplina está practicando la redamancia. Un padre que emplea años de sacrificio por sus hijos merece mucho más que una llamada o una felicitación el Día del Padre. Una verdadera amistad de ninguna manera se puede medir por las fotografías compartidas, lo realmente significativo es la capacidad de permanecer cuando se presentan las dificultades.
Hoy día, hemos normalizado la ingratitud, nos parece muy natural recibir, pero excepcional devolver. Nos olvidamos de nuestras responsabilidades y celebramos los derechos. Sin ofrecer escucha reclamamos atención. Esperamos empatía sin practicarla. Y así, las consecuencias están a la vista. Instituciones desacreditadas. Familias fragmentadas y desintegradas. Amistades desechables. Comunidades en donde cada persona mira y se preocupa únicamente por sí misma.
No es posible sostener por mucho tiempo a una sociedad que se basa en el egoísmo. Las naciones no se edifican únicamente con leyes, impuestos y presupuestos; también se requiere de ciudadanos dispuestos a corresponder al esfuerzo, a la confianza y a la solidaridad que otros depositan en ellos. Y por supuesto que la redamancia por si sola no va a resolver los problemas de un país, pero si puede transformar la manera en que los seres humanos nos relacionamos y convivimos. Es una sencilla y silenciosa revolución que inicia con algo tan simple como responder, permanecer, cuidar y agradecer. Una sociedad no se derrumba el día que deja de amarse, inicia su destrucción el día que deja de corresponder al amor que recibe.
Nunca como hoy resulta tan fácil enviar un mensaje y tan difícil mantener una relación. Regalamos y repartimos “me gusta” con mucha facilidad y generosidad, pero no tenemos tiempo para escuchar de manera presencial a una amistad. Compartimos muchas frases inspiradoras acerca del tema de la empatía y, sin embargo, no tomamos en cuenta y hasta ignoramos al vecino que requiere ayuda.
Hemos adquirido gran experiencia para exigir. Solicitamos respeto, pero de inmediato reaccionamos descalificando a quienes piensan distinto. Exigimos comprensión, pero respondemos con intolerancia. Pedimos fidelidad, y vivimos intercambiando con gran facilidad nuestros sentimientos y afectos.
La redamancia, significa exactamente lo contrario. Es una libre decisión para responder con afecto al afecto, a la confianza con confianza y a la generosidad con gratitud. De ninguna manera es una deuda ni un intercambio comercial. Es una gran virtud con dignidad.