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Este producto natural fue altamente valorado en la antigüedad.
ZACATECAS.– La mirra, uno de los tres presentes que los Reyes Magos ofrecieron al Niño Jesús la noche del 6 de enero, es quizá el obsequio más misterioso y menos comprendido de la tradición. Su historia combina simbolismo religioso, usos medicinales y conocimiento científico, lo que la convierte en un elemento clave dentro del relato bíblico.
De acuerdo con la tradición cristiana, Melchor, Gaspar y Baltazar llegaron a Belén hace más de dos mil años para rendir homenaje al recién nacido con oro, incienso y mirra. Mientras los dos primeros regalos suelen identificarse con facilidad, la mirra ha despertado dudas sobre su origen, utilidad y significado a lo largo de los siglos.
La mirra es una resina natural que se obtiene al realizar cortes en la corteza del árbol Commiphora myrrha, especie que crece en regiones del noreste de África, Arabia, Egipto y Anatolia, en Turquía. Al extraerse, el líquido presenta un tono amarillento que, al secarse, adquiere matices rojizos y desprende un aroma intenso y característico.
Este producto natural fue altamente valorado en la Antigüedad y se convirtió en un símbolo de profundo significado espiritual y práctico.
Investigaciones citadas por National Geographic señalan que la mirra llegó a ser considerada un bien más valioso que el oro en determinados contextos históricos. Su alto costo se debía a sus múltiples aplicaciones en la vida cotidiana y religiosa de los pueblos antiguos.
Entre sus principales usos destacaban:
Rituales religiosos y ceremonias espirituales.
Prácticas funerarias, especialmente en el embalsamamiento de cuerpos.
Elaboración de perfumes y aceites aromáticos.
Gracias a sus propiedades antibacterianas, la mirra ayudaba a retrasar la descomposición de los cuerpos. Estudios modernos indican que, al quemarse como incienso, puede eliminar más de la mitad de los microorganismos presentes en espacios cerrados, lo que explica su uso ancestral como agente purificador.
Además de su función ceremonial, la mirra tuvo un papel relevante en la medicina antigua. Curanderos y médicos la empleaban por sus efectos antiinflamatorios, antisépticos y antioxidantes.
Entre sus aplicaciones más comunes se encontraban:
Detener sangrados.
Favorecer la cicatrización de heridas.
Aliviar problemas respiratorios mediante su aroma.
Estas propiedades consolidaron su reputación como un remedio natural de gran eficacia.
Aunque hoy en día no forma parte del uso cotidiano para muchas personas, la mirra sigue presente en productos actuales. La industria cosmética la utiliza en la elaboración de perfumes, cremas, lociones y tónicos, mientras que su acción antiséptica es clave en enjuagues bucales, desodorantes, ungüentos y pomadas.
Asimismo, puede encontrarse en herbolarios y tiendas naturistas, donde se comercializa en extractos y preparados que mantienen viva la herencia de la medicina tradicional.
Las cualidades de la mirra demuestran que se trata de un elemento versátil, con aplicaciones en la salud, la higiene y el cuidado personal. Su permanencia en la actualidad confirma la conexión entre el conocimiento ancestral y la ciencia moderna, así como la vigencia simbólica de uno de los regalos más enigmáticos del Día de Reyes.