

José Luis Medina Lizalde.
Asistieron el Obispo Sigifredo Noriega, anfitrión del acto cívico-religioso y el escultor Héctor Pedro González Ortega, donador y autor de la hermosa réplica.
El pasado domingo 11 de enero atendí una invitación del tataranieto del General Jesús González Ortega a una ceremonia de nuestra Catedral para atestiguar la entrega de una réplica de pila bautismal de plata que donó la condesa de San Mateo Valparaíso en 1801 a cambio de la pila de bronce donde la dicha señora recibió las aguas bautismales. Con ese gesto, los descendientes del prócer buscan cerrar un ciclo que confrontó a liberales y conservadores más de un siglo y que ocasionó que la hermosa estatua erigida al héroe nacional (oriundo también de San Mateo, Valparaíso, como la condesa) fuese removida de su sitio original en el espacio de la Fuente de los Faroles para ser reubicada al lugar que ahora ocupa y que en los años cuarenta eran orillas en trance de urbanizar. Fue la solución que concibió el gobernador Leobardo Reynoso para apaciguar el encono de los conservadores que hicieron del prócer liberal el villano favorito de su cultura cívica por haber sustraído la pila bautismal original para fundirla y sufragar gastos de guerra un 28 de julio de 1859.
Hubo tacto del Obispo Sigifredo Noriega, anfitrión del acto cívico-religioso y del escultor Héctor Pedro González Ortega, donador y autor de la hermosa réplica y los que acudimos a un evento cargado de simbolismo, como Federico Príapo Chew, María Auxilio Maldonado Romero, Leticia Ramos, Gustavo del Hoyo todos ellos conocidos hurgadores de la historia de la patria chica.
Desde que tengo el honor de tratar al tataranieto del general, el escultor Héctor Pedro, percibo que sus convicciones liberales no le apartan del afán de cerrar el ciclo que tanto encono generó el episodio de la pila bautismal, por cierto, muy practicado en ese período de la historia dónde combatientes de todos los bandos se apoderaban de los bienes que encontraban a su paso dónde estuvieran para financiar sus guerras.
El caso es útil para ilustrar que los símbolos son nuestro anclaje emocional que nos dan identidad, diferenciación e integración y que no hay pueblo que no tenga símbolos en el más alto sitial porque incluye a todos.
El sentido de patria, aunque algunos no lo tienen.
Las declaraciones del gobernador de Jalisco Pablo Lemus (MC) y la de Chihuahua Marú Campos (PAN) validando la invasión y el secuestro de Nicolás Maduro perpetrada contra todo derecho por el gobierno de Donald Trump confirman que la oposición mexicana es afín a la posición a control remoto y muy bien remunerada que hace carrera y dinero desde Estados Unidos y no con la oposición de verdad que radica en Venezuela y asume los riesgos inherentes a su condición, la de control remoto aplaude los bombardeos y el secuestro de Maduro y su esposa y la que da la batalla contra el régimen se legitima ante su pueblo mandando el mensaje de que “La Patria es primero”, como lo dijera uno de nuestros héroes fundacionales del México independiente Vicente Guerrero.
La Condesa y el General patriota eran del mismo terruño, aunque de distinta época, condición social, género y modo de pensar, pero ambos tenían similar origen geográfico. Siempre hay algo en común con nuestros adversarios.
Los pueblos incuban el sentido de patria como reafirmación, la autoestima colectiva responde a símbolos cuyo respeto profesamos y exigimos de manera natural, espontánea.
En las distintas ocasiones que una potencia extranjera nos pone a prueba la reacción colectiva natural y espontánea es la de cerrar filas entre nosotros, sobre todo después del brutal despojo de más de la mitad de nuestro territorio por la invasión gringa de 1846-1848.
Los franceses y Maximiliano fueron derrotados porque sus apoyadores fueron minoría, los gringos que bombardearon Veracruz en 1914 comprendieron que a pesar de que estábamos en guerra interna nos enfrentarían unidos, como dos años más tarde cuando sus miles de soldados entraron para perseguir a Francisco Villa y ser recibidos de rayada de madre para arriba aún por feroces enemigos del jefe revolucionario
La Condesa y el General patriota seguramente amaron la misma tierra, como los venezolanos que luchan contra Maduro sin salir de Venezuela y que ahora hacen una tregua para enfrentar el enemigo común juntos, como los militares conservadores que con el General Miguel Negrete al frente ofrecieron sus servicios a su odiado enemigo liberal para combatir juntos la invasión francesa o como los revolucionarios a los que el odio a Victoriano Huerta no les hizo aceptar la “ayuda” gringa.
¿Se puede ser de derecha y patriota al mismo tiempo?
La oposición derechista radicada en Venezuela lo confirma.
¿En México habrá opositores que no compartan el entreguismo manifiesto con gran eco mediático?
Nos encontramos el lunes en Recreo