

En la historia de la humanidad buscar la felicidad ha sido una constante. Hoy se nos presentan fórmulas para ser felices en cinco pasos, diez hábitos o treinta días.
Cursos en línea, podcasts, aplicaciones, conferencias motivacionales, libros de autoayuda, coaches de vida, meditaciones, yoga, y una lista muy grande de influencers nos ofrecen fórmulas para alcanzar el bienestar. En esta época tan peculiar, nunca como antes dispusimos de tanta información acerca de cómo ser felices. La felicidad parece estar al alcance de un clic… o de una tarjeta de crédito.
No es nada nuevo que los seres humanos nos preocupemos por buscar la felicidad. Hace dos mil años Aristóteles reflexionaba sobre lo que significa vivir bien. Lo que si resulta nuevo hoy, es la transformación de esa búsqueda en una industria digital muy poderosa que mueve millones de dólares cada año.
En la historia de la humanidad buscar la felicidad ha sido una constante. Hoy se nos presentan fórmulas para ser felices en cinco pasos, diez hábitos o treinta días. Algunas de estas recetas tienen valiosos consejos mientras que otras prometen milagrosos resultados. El grave problema hoy ocurre porque la felicidad deja de entenderse como una experiencia humana muy complicada y se convierte en un producto de consumo.
Y por supuesto que las redes sociales contribuyen en mucho a esta transformación. Con frecuencia nos muestran imágenes de personas aparentemente exitosas, sonrientes, saludables y satisfechas; Viajes perfectos, cuerpos perfectos, vidas y familias perfectas. ¿El Resultado? Una consecuencia muy paradójica; mientras que más observamos “la felicidad”, más fácil resulta sentir que nuestra propia felicidad es insuficiente.
Y por supuesto que la psicología nos ofrece una visión más matizada. Recientes estudios en esta disciplina muestran que la felicidad no es un estado permanente, sino una combinación de emociones positivas, relaciones significativas, sentido de propósito y capacidad para enfrentar las dificultades. En otras palabras, la felicidad está compuesta por momentos de alegría, pero también de incertidumbre, esfuerzo y tristeza. Tal vez uno de los grandes retos de este tiempo, es creer que una vida feliz significa estar libre de problemas; cuando la realidad es exactamente todo lo contrario. Los seres humanos solemos encontrar satisfacción no por evitar desafíos, sino por superarlos y enfrentarlos.
De manera que, toda la industria y mercadotecnia del bienestar no lo es del todo negativa. Sin duda, muchas herramientas pueden ayudar a disminuir el estrés, fortalecer la salud mental o mejorar nuestros hábitos. Lo importante es distinguir entre el verdadero y real apoyo y las promesas simplistas que ofrecen soluciones universales para problemas profundamente humanos.
Resulta muy difícil pensar que la felicidad se puede comprar, adquirir o descargar en una aplicación mediante una suscripción mensual. Se construye en la capacidad de apreciar nuestra vida diaria, en la calidad de nuestras relaciones y en los proyectos que dan sentido a nuestra existencia.