

Jaime Casas Madero
Los reflectores no sólo apuntan al futbol también iluminan una realidad que forma parte de nuestro país desde hace décadas: las demandas sociales que siguen esperando respuestas.
El Mundial 2026 ha colocado a México en el centro de la atención internacional y durante estas semanas, millones de personas observan nuestros estadios, nuestras ciudades, nuestra cultura y la manera en que vivimos esta fiesta deportiva. Sin embargo, los reflectores no sólo apuntan al futbol también iluminan una realidad que forma parte de nuestro país desde hace décadas: las demandas sociales que siguen esperando respuestas.
Por esa razón, no resulta extraño que distintos grupos hayan aprovechado este momento para hacer visibles sus causas. Lo han hecho las madres buscadoras, cuya lucha representa una de las tragedias más dolorosas que enfrenta México, la inseguridad, y también, por otro lado, integrantes de la CNTE, que mantienen exigencias relacionadas con sus derechos laborales y con el sistema de pensiones; cada uno desde su propia realidad busca que su voz sea escuchada en un momento en que el mundo tiene los ojos puestos sobre nuestro país.
Y, siendo honestos, es difícil cuestionar esa intención. Las madres buscadoras no pueden darse el lujo de esperar el momento perfecto para exigir respuestas. Los maestros tienen derecho a expresar sus inconformidades y a defender aquello que consideran justo. La manifestación es un derecho fundamental en cualquier democracia y forma parte de la vida pública de una sociedad plural.
Sin embargo, reconocer la legitimidad de una causa no significa ignorar las consecuencias de ciertas formas de protesta. Esta semana, Claudia Sheinbaum canceló una visita programada a Zacatecas, y no fue por el mal tiempo que se diagnosticaba, si no que fue debido a las movilizaciones anunciadas por integrantes de la CNTE. Más allá de las posiciones políticas de cada quien, el episodio evidenció el nivel de tensión que puede alcanzar un conflicto social en un momento particularmente importante para la imagen del país.
Ah, pero hay otros oportunistas que aprovechan esta coyuntura para colgarse de estas demandas legítimas y se convierten en incitadores y generadores de violencia con el propósito de, según ellos, mostrar al mundo que en México hay anarquía, caos e ingobernabilidad aprovechando esta momento futbolero.
El problema no está en manifestarse, el problema surge cuando las movilizaciones terminan afectando a personas que no forman parte del conflicto. Cuando hay bloqueos prolongados, cierres de vialidades o interrupciones de actividades económicas, quienes suelen pagar las consecuencias son ciudadanos que también enfrentan sus propias dificultades. Comerciantes que ven disminuir sus ventas, trabajadores que no pueden llegar a sus empleos, pequeños negocios familiares que dependen de la actividad diaria y personas que simplemente intentan cumplir con sus responsabilidades cotidianas.
Las causas de quienes protestan merecen respeto, pero también merecen la consideración de quienes resultan afectados por ciertas acciones. En una democracia, los derechos no deberían enfrentarse unos contra otros, lo ideal es encontrar mecanismos que permitan visibilizar las demandas, sin generar perjuicios innecesarios para terceros.
En el caso de la CNTE, una de las principales exigencias ha sido la eliminación de la Ley del ISSSTE de 2007. Se trata de una demanda que responde a preocupaciones legítimas de miles de trabajadores, sin embargo, diversos especialistas han señalado que una abrogación total del sistema tendría implicaciones económicas muy importantes para las finanzas públicas. Esto no significa que las demandas deban ser ignoradas, sino que cualquier solución debe construirse con responsabilidad y considerando tanto los derechos de los trabajadores como la viabilidad financiera del Estado.
El Mundial terminará y los reflectores eventualmente se apagarán, pero los problemas que hoy motivan estas manifestaciones seguirán presentes. Las madres buscadoras continuarán recorriendo el país en busca de respuestas. Los maestros seguirán defendiendo sus derechos. Los comerciantes seguirán levantando sus cortinas cada mañana para sacar adelante a sus familias y los oportunistas de estas coyunturas, quedarán satisfechos de su deber cumplido, Por eso, más allá de la coyuntura mundialista, lo verdaderamente importante es que exista disposición para escuchar, dialogar y construir acuerdos.
Y debo decirlo: México no tiene por qué ocultar sus problemas ante el mundo, al contrario, una sociedad democrática demuestra su fortaleza cuando es capaz de debatir sus diferencias y buscar soluciones. Lo que sí deberíamos evitar es que la confrontación sustituya al diálogo o que las legítimas demandas de unos terminen convirtiéndose en una carga para otros o más aun, sean aprovechadas como botín político de la oposición. Al final, el reto no es decidir quién grita más fuerte, sino encontrar respuestas que permitan avanzar como país sin dejar a nadie atrás.