

Saúl Monreal Ávila, docente de la Unidad Académica de Derecho de la UAZ.
Lo que ocurre cada 25 de julio va mucho más allá de una fiesta patronal, es un auténtico encuentro de identidad,
En ocasiones pareciera que de Zacatecas únicamente se habla para destacar problemas; sin embargo, quienes conocemos esta tierra sabemos que esa no es toda la historia, nuestro estado también es sinónimo de fe, de tradiciones, de cultura y de un profundo amor por la tierra que se transmite de generación en generación, amigas y amigos, pocas expresiones representan mejor esa identidad que la festividad del Santo Santiago Apóstol en el sur del estado.
Cada año procuro tener el gusto de acompañar a las familias de Jalpa, Juchipila, Apozol y Moyahua. En esta ocasión no me fue imposible hacerlo por cuestiones de agenda, pero mi cariño y mi reconocimiento para esa región permanecen intactos, ahí tenemos grandes amigos que nos han enseñado sobre el respeto y la devoción que profesan a Santo Santiago por los favores y milagros recibidos.
Lo que ocurre cada 25 de julio va mucho más allá de una fiesta patronal, es un auténtico encuentro de identidad, las calles se llenan con las tradicionales danzas de los Tastoanes, las peregrinaciones, las procesiones, las celebraciones litúrgicas y la convivencia familiar, en una tradición con varios siglos de historia que forma parte del patrimonio cultural del Cañón de Juchipila.
Lo más valioso es que esta celebración tiene la capacidad de reunir a quienes nunca se han ido y también a quienes un día tuvieron que partir, durante estos días regresan paisanos que viven desde hace muchos años en Estados Unidos y en otros estados de la República para reencontrarse con sus familias y con sus raíces. Esa es la verdadera fuerza de nuestras tradiciones: mantener viva la comunidad sin importar la distancia.
Pero además de su enorme significado espiritual y cultural, estas festividades representan una oportunidad para la economía regional. Hoteles, restaurantes, comercios, artesanos, transportistas y cientos de pequeños negocios reciben un importante impulso gracias a la llegada de visitantes que acuden a vivir una de las celebraciones religiosas más emblemáticas del sur de Zacatecas y eso es una muestra de que nuestras tradiciones también generan bienestar para muchas familias.
Por eso me gusta recordar que no todo son malas noticias en Zacatecas, también somos un pueblo que sabe conservar su historia, honrar sus creencias y abrir los brazos a quienes regresan a casa. Somos un pueblo donde la fe une generaciones, fortalece la convivencia y mantiene viva nuestra identidad.
Mientras existan tradiciones como la de Santo Santiago, mientras los Tastoanes sigan llenando de color las calles y las familias continúen reuniéndose alrededor de su fe, tendremos motivos suficientes para sentirnos orgullosos de nuestra tierra.