

Memo Ochoa, portero de la Selección Mexicana. | Foto: Cortesía.
La Selección Mexicana, una cosa es ganar partidos y otra muy distinta convencer a la tribuna de que se está listo para levantar la copa.
La Selección Mexicana está en primer lugar de su grupo en el Mundial 2026. Los números dicen una cosa y las sensaciones dicen otra.
Contra Sudáfrica hubo momentos de incertidumbre. Contra Corea del Sur aparecieron veinte minutos brillantes y después un equipo que pareció conformarse con administrar la ventaja, cediendo la pelota y renunciando al protagonismo. Los resultados están ahí, nadie los discute. Lo que se discute es la forma.
Porque una cosa es ganar partidos y otra muy distinta convencer a la tribuna de que se está listo para levantar la copa.
Algo parecido empieza a ocurrir en Zacatecas.
Mientras Morena abre su proceso para definir a quien coordinará la defensa de la Cuarta Transformación —nombre largo para lo que todos entienden como la antesala de la candidatura a gobernador— comienzan a aparecer las primeras licencias y los primeros movimientos.
José Narro, Ulises Mejía, Verónica Díaz y Julia Olguín ya están entrando a la cancha de la sucesión.
La pregunta es si estamos viendo una competencia abierta o un partido donde algunos jugadores llegan con ventaja desde el vestidor.
Porque en política, igual que en el futbol, no basta con aparecer en la alineación. Hay que tomar el balón, generar juego y demostrar capacidad para conducir el partido.
Por lo pronto, varios aspirantes han decidido salir a buscar reflectores. Lo curioso es que otros actores políticos parecen haber optado por la estrategia contraria.
Presidentes municipales, legisladores locales y algunos personajes que hace unos meses aparecían en cada fotografía hoy parecen practicar el futbol invisible. Mientras el Mundial ocupa portadas y las definiciones políticas comienzan a acercarse, muchos han decidido esconderse detrás de la banca.
Quizá esperan el momento adecuado para salir. Quizá calculan riesgos. Quizá creen que el mejor movimiento es no moverse.
Pero la historia demuestra que los campeonatos rara vez los ganan quienes pasan noventa minutos escondidos.
Aunque tampoco todos están apostando por la invisibilidad.
En el futbol mundial existen selecciones que rara vez aparecen como favoritas en las encuestas, pero que los expertos nunca pierden de vista. No hacen ruido todos los días, no viven de las conferencias de prensa ni de las declaraciones espectaculares. Prefieren recorrer el torneo paso a paso, construir grupo, fortalecer el vestidor y esperar el momento oportuno para aparecer en escena.
Algo parecido ocurre ya en la política zacatecana.
Mientras algunos comienzan la carrera con reflectores y otros parecen haberse escondido detrás de la banca, hay quienes han optado por recorrer el estado, sumar voluntades y construir una estructura más amplia que la de un solo equipo o una sola corriente.
Todavía falta mucho para que suene el silbatazo oficial de la sucesión, pero en política, como en los Mundiales, los torneos largos no siempre los ganan quienes encabezan la tabla de popularidad en la fase de grupos.
A veces los partidos decisivos terminan siendo protagonizados por aquellos que llevaban meses preparándose lejos de los reflectores.
Y cuando eso ocurre, muchos descubren demasiado tarde que el competidor que parecía silencioso nunca estuvo ausente; simplemente estaba trabajando, escuchando y entendiendo que, antes de contar votos, Zacatecas cuenta.
Y hablando de decisiones extrañas, la Selección Mexicana enfrentará a República Checa con la intención de rendir homenaje a Guillermo Ochoa.
Nada contra Ochoa. Su lugar en la historia del futbol mexicano está asegurado. Ha sido protagonista de varios Mundiales y merece reconocimiento.
Lo que resulta difícil de entender es el momento.
Porque los homenajes suelen hacerse cuando termina la competencia, no cuando apenas comienza la parte más complicada del torneo.
México todavía no encuentra su mejor versión. Todavía no domina los partidos durante noventa minutos. Todavía no transmite la sensación de que puede competir de tú a tú contra las potencias.
Y cuando vienen los cruces de eliminación directa, los experimentos suelen costar caro.
En política pasa exactamente igual.
Cuando se acerca la etapa decisiva, la gente deja de aplaudir trayectorias y empieza a exigir resultados. Ya no importa quién jugó bien hace diez años. Importa quién puede ganar el partido que viene.
Por eso, tanto en Morena como en la Selección Mexicana, el desafío es el mismo: dejar de administrar ventajas y comenzar a demostrar autoridad.
Porque el marcador puede decir que todo marcha bien.
Pero la tribuna siempre sabe cuándo un equipo está jugando mejor de lo que parece.
Y también cuándo está jugando peor de lo que presume.
¿Qué hay de nuevo?
Que en Zacatecas y en el Mundial, algunos ya celebran la clasificación mientras otros todavía están buscando cómo controlar el partido.