

Diputada Norma Castorena. | Foto: Cortesía.
En Zacatecas, el sector salud sigue en paro, esperando respuestas que nunca llegan. Norma Castorena marca el ritmo como capitana de un equipo cansado de entrenar sin sueldo completo.
Cruz Azul le gana al Atlas y por un momento parece que el orden natural de las cosas puede alterarse. Que los proyectos pueden funcionar, que la planeación sirve y que no siempre gana el que más presume historia. Lástima que esa sensación dure lo mismo que una conferencia de prensa bien hecha: poco, pero deja esperanza.
En Zacatecas, el sector salud sigue en paro, esperando respuestas que nunca llegan. Norma Castorena marca el ritmo como capitana de un equipo cansado de entrenar sin sueldo completo, mientras las autoridades juegan a esconder el balón. Prometen mesas de diálogo como quien promete refuerzos en el mercado de invierno: mucho ruido y cero fichajes.
La Suprema Corte sí pitó fuerte. Echó para atrás la reforma a la ley del Issstezac y dejó claro que no todo se vale, que no se pueden cambiar las reglas del juego a media temporada solo porque las finanzas van perdiendo por goleada. El fallo fue un recordatorio incómodo: hay límites, aunque a algunos no les guste que el árbitro consulte el VAR constitucional.
Y ahí entra el Real Madrid, eliminado de la Copa del Rey. El gigante cayó no porque no tenga historia, sino porque la historia no juega los partidos. Como en la Corte, el nombre pesó menos que el reglamento. No hubo trato especial ni tiempo añadido: la jugada se revisó y se anuló.
Mientras tanto, se anuncia el inicio de la construcción del Hospital de Alta Especialidad en Guadalupe. Un gol que se grita antes de cruzar la línea, porque todavía está en obra negra. Prometer hospitales es fácil; hacerlos funcionar es otra competencia, una donde muchos gobiernos se quedan en la banca.
Mineros visita a Dorados en un partido discreto, sin reflectores, como muchas decisiones públicas que se toman lejos de la afición. Ahí no hay épica, solo cálculo y resistencia. El empate le sirve a varios, pero no entusiasma a nadie.
Así va la semana: con gigantes que caen, árbitros que sí se atreven a pitar y equipos —en la cancha y en el gobierno— que siguen creyendo que el nombre gana partidos. Spoiler: no.