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El Runrún

El Runrún: 2026: expectativas, desgaste y posible alternancia política

El Runrún: 2026: expectativas, desgaste y posible alternancia política

Adolfo Bonilla. | Foto: Cortesía.

El Runrún de hoy, domingo 04 de enero del 2026.

Grupo Imagenzac
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4 de enero 2026

El 2026 se perfila como un año decisivo para Zacatecas. No sólo porque será el último año completo de la actual administración estatal, sino porque llega marcado por una percepción ciudadana claramente adversa.
Las evaluaciones al gobierno estatal y, en particular, al titular del Poder Ejecutivo, se mantienen entre las más bajas del país, reflejo de un desgaste acumulado que ya no puede atribuirse únicamente a factores externos.
Los grandes pendientes son evidentes y buscan resultados, se ve una estrategia de seguridad que no logra devolver la tranquilidad, un crecimiento económico insuficiente para generar empleos de calidad, conflictos persistentes en el campo y una relación tensa con diversos sectores sociales.
A ello se suma una deuda política con la transparencia, la rendición de cuentas y el cumplimiento de promesas que hoy pesan en la memoria colectiva.
En este contexto, lo que el gobierno aún podría entregar como resultados parece limitado y condicionado por el clima político. La sucesión está adelantada, las lealtades se reacomodan y la toma de decisiones corre el riesgo de subordinarse al cálculo electoral.
Paradójicamente, este escenario abre la puerta a la alternancia política, incluso dentro de Morena, donde las fracturas internas y el desencanto social podrían redefinir el mapa del poder en Zacatecas.

Año del progreso entre disputas y sucesión adelantada
El inicio del llamado “Año del Progreso” en Zacatecas, decretado por el gobernador David Monreal Ávila, busca colocar una narrativa de avance, estabilidad y resultados para una entidad urgida de buenas noticias.
El mensaje institucional apela al optimismo, a la obra pública y a la recomposición social. Sin embargo, ese propósito convive —y choca— con una realidad política que ya no tiene freno, y es la disputa anticipada por la sucesión gubernamental.
Aunque formalmente el calendario electoral aún concede margen, en los hechos, la carrera interna en Morena y sus aliados está en marcha.
Los movimientos, declaraciones veladas y lecturas de encuestas configuran un escenario donde el “progreso” prometido se ve atravesado por la competencia política. De acuerdo con mediciones nacionales que consulta el propio Palacio Nacional, el virtual representante del bloque oficialista podría surgir de entre Geovanna Bañuelos y Ulises Mejía Haro, sin que ello descarte sorpresas de último momento, siempre posibles en la política mexicana.
A este tablero se suma un ingrediente adicional, y es la eventual incorporación del riogense Alfonso Ramírez Cuéllar al gabinete presidencial. Su llegada no sólo reconfiguraría equilibrios nacionales, sino que añade tensión y expectativa a la política zacatecana, al introducir nuevos interlocutores, alianzas y lecturas sobre el futuro inmediato del estado. Esto tampoco lo descarta de la carrera gubernamental.
En el centro de esta dinámica aparece un apellido gobernante que, como reconoció Ricardo Monreal, acusa desgaste. Más allá de filias y fobias, ese reconocimiento abre la puerta a hablar de transición política, de relevos y de la necesidad de recomponer consensos.
No es casual que, en este contexto, el obispo de Zacatecas, monseñor Sigifredo Noriega Barceló, haya convocado a la paz. Su llamado no es retórico, por el contrario, advierte que el progreso material difícilmente será sostenible si la disputa política profundiza la polarización.
El verdadero desafío del “Año del Progreso” será, entonces, armonizar la ambición con la responsabilidad y la competencia con la civilidad.

Oposición zacatecana reacomoda fichas rumbo a sucesión
La recomposición de los grupos políticos en la oposición a Morena en Zacatecas ya no es un ejercicio de especulación, sino un proceso en marcha que, mes con mes, irá mostrando señales más claras. Apenas comienza el año y la sucesión gubernamental, aunque distante en el calendario, se encuentra sorprendentemente adelantada en los hechos.
En el PAN, el mensaje parece cada vez menos ambiguo. Desde la dirigencia nacional del blanquiazul se perfila el respaldo para que Miguel Varela encabece la candidatura a la gubernatura. No se trata sólo de un proyecto local, sino de una apuesta estratégica que buscaría convertir a Varela en el eje de una eventual alianza amplia.
En Acción Nacional confían en que, si logra construir unidad y sumar al PRI y a Movimiento Ciudadano, tendrán en sus manos una candidatura competitiva. En esa lógica, el PAN estaría dispuesto a “jugarse todas las canicas” en una sola carta.
El PRI, por su parte, también comienza a mover piezas. La presencia del ex gobernador Miguel Alonso Reyes en Zacatecas no pasó desapercibida. Primero su encuentro con Carlos Peña, dirigente estatal del tricolor, y luego la reunión con el alcalde de Fresnillo, Javier Torres Rodríguez, envían una señal clara de que el priismo busca reagruparse alrededor de figuras con experiencia y estructura territorial, en un intento por recuperar relevancia en la ecuación opositora.
Mientras tanto, el empresario fresnillense Adolfo “Fito” Bonilla continúa recorriendo el estado bajo el argumento empresarial, pero con un evidente trasfondo político. Su objetivo es construir una alianza que incluya al PAN, al PRI y a Movimiento Ciudadano. De concretarse, sería —al menos en el papel— un candidato altamente competitivo.
Movimiento Ciudadano, en contraste, mantiene un perfil bajo. Fortalece su estructura estatal y observa hacia la figura de su dirigente nacional, Jorge Álvarez Máynez, quien insiste en que no buscará la gubernatura, aunque en política nada está escrito.
Hoy, la oposición luce dispersa y sin una narrativa común, pero el tablero apenas se está acomodando. La sucesión está abierta y el año apenas comienza.

Sección 58: claridad pendiente en nómina federalizada
Arrancar 2026 con definiciones incompletas es una mala señal para el magisterio. La postura de la Sección 58 del SNTE frente a la transición a la nómina federal no es nueva ni improvisada, es la reiteración de una advertencia que se mantiene firme mientras no exista información clara, suficiente y jurídicamente garantizada.
Lejos de tratarse de una cerrazón al cambio, se trata de una defensa elemental de derechos laborales construidos durante décadas. El gobierno del estado ha presentado la federalización como un trámite administrativo sencillo, casi automático.
Sin embargo, la experiencia sindical obliga a desconfiar de los procesos acelerados cuando no están acompañados de reglas precisas. ¿Dónde quedan las garantías jurídicas? ¿Qué mecanismos reales protegerán prestaciones, antigüedad y condiciones de trabajo en el mediano y largo plazo? A estas preguntas no se ha respondido con documentos claros, firmes y verificables.
En este contexto, no firmar no es un acto de rebeldía, sino de responsabilidad colectiva. Aceptar un esquema ambiguo sería asumir riesgos innecesarios para miles de trabajadores de la educación. La prudencia, como bien señala la Sección 58, también es una forma de lucha sindical.
La advertencia es clara pues, mientras la federalización se plantee sin certidumbre, la oposición continuará. Pensar antes de firmar no frena el futuro; evita que se comprometa.

Retos financieros ponen a prueba al rector de la UAZ
El 2026 se perfila como un año decisivo para las universidades públicas de México y, de manera particular, para la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Los datos de la ANUIES son contundentes al anunciar hace unos días que los pasivos acumulados del sistema universitario rondan los 50 mil 400 millones de pesos, sólo del 2019 a la fecha, una cifra que revela décadas de rezagos estructurales, malas prácticas administrativas y una insuficiente política de financiamiento público. En ese contexto, el rector Ángel Román Gutiérrez enfrenta quizá el mayor reto de su gestión.
La conducción de la UAZ ya no admite inercias ni decisiones tibias. La institución se encuentra ante la disyuntiva de transformar de fondo sus mecanismos de administración y gestión, o avanzar peligrosamente hacia una parálisis financiera que impactaría directamente en la vida académica, laboral y estudiantil.
El rector tiene ante sí el deber de transparentar el estado real de las finanzas, ordenar prioridades y construir acuerdos internos que permitan enfrentar una realidad adversa sin simulaciones. Más cuando al iniciar el año, ya enfrenta el primer emplazamiento a huelga de su gestión.
Pero la responsabilidad no termina en el ámbito interno. Román Gutiérrez deberá también ejercer una rectoría política eficaz, capaz de gestionar recursos extraordinarios, defender a la universidad ante la federación y el estado, y recuperar la confianza social. La UAZ necesita liderazgo, visión y decisiones firmes; el tiempo juega en contra. Ángel Román tiene la última palabra.

Runrunazos
Si el año 2024 fue el año de la paz, el 2025 fue del bienestar y 2026 será del “Progreso”, 2027 amenaza con ser el año del pretexto. La política de los lemas sirve más para justificar propaganda que para brindar desarrollo y resultados. Cambian etiquetas, no realidades. Mientras faltan resultados medibles, sobran chamarras, playeras, plumas y agendas pagadas con recursos públicos, sin beneficio social ni transparencia alguna para la ciudadanía real.
La medición de Revista 32 no admite matices: Zacatecas ocupa el último lugar nacional en aprobación.

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