Logo Al Dialogo
Opinión

Debo decirlo… La soberanía también se defiende con conciencia

Debo decirlo… La soberanía también se defiende con conciencia

Jaime Casas Madero

Las recientes amenazas de Donald Trump de atacar a cárteles mexicanos dentro de territorio nacional no son una ocurrencia menor ni una bravuconada sin consecuencias.

Jaime Casas Madero
|
13 de enero 2026

En estos días vale la pena hacer una pausa y pensar con cabeza fría, porque cuando se habla de soberanía no se está hablando de discursos ni de banderas o partidos políticos, se está hablando de algo mucho más concreto: de quién decide sobre nuestro territorio, sobre nuestras instituciones y sobre nuestro futuro. Cuando eso se pone en duda, las diferencias internas pasan a segundo plano, no porque dejen de existir, sino porque hay líneas que simplemente no se cruzan.

Las recientes amenazas de Donald Trump de atacar a cárteles mexicanos dentro de territorio nacional no son una ocurrencia menor ni una bravuconada sin consecuencias. Más allá de si se trata de retórica electoral o de un discurso para consumo interno, el solo hecho de plantear una posible intervención militar extranjera en México debería encender todas las alertas, porque normalizar ese tipo de ideas es el primer paso para justificar lo que nunca debería ser aceptable.

Lo más preocupante es que frente a este escenario hay personas que no solo minimizan el tema, sino que incluso lo celebran. Se escucha a quienes dicen que “ya hace falta” una intervención o que “ojalá alguien venga a poner orden”, como si abrir la puerta a fuerzas extranjeras fuera una solución rápida y sin costos. Pero eso no es una hipótesis ni una exageración, ya lo hemos visto en varias partes del mundo y recientemente en Venezuela, donde muchos aplaudieron sanciones, presiones y asfixias externas sin medir el impacto real en la vida de millones de personas.

Pensar que la injerencia extranjera puede arreglar problemas internos es una idea cómoda, pero profundamente equivocada. La intervención nunca llega limpia, nunca llega sola y casi nunca se va cuando promete hacerlo. Lo que deja detrás son economías golpeadas, instituciones debilitadas y sociedades fracturadas, y creer que eso solo les pasa a otros países es una ilusión peligrosa.

La soberanía no es un concepto abstracto ni una consigna nacionalista vacía, es la capacidad de decidir nuestro propio rumbo, con errores y aciertos, pero sin que alguien más dicte las reglas. Renunciar a ella, incluso con el argumento de combatir al crimen, es aceptar que otros decidan por nosotros, y la historia demuestra que casi nunca lo hacen pensando en el bienestar de la gente.

México tiene problemas, especialmente en materia de seguridad, y exigir resultados, señalar fallas y criticar al gobierno es no solo válido, sino necesario. Pero una cosa es la crítica desde dentro y otra muy distinta es justificar amenazas externas o aplaudir una posible intervención en territorio nacional, ahí la exigencia se convierte en renuncia.

Cuando la soberanía está en juego, la unión no significa callar ni alinearse sin cuestionar, significa entender que antes de cualquier diferencia política está el país. Porque hoy no se trata de defender a un gobierno ni de cerrar filas por consigna, se trata de defender un principio básico: que México se decide en México. Y eso debería ser suficiente para que, al menos en lo esencial, estemos del mismo lado.

reproductor
Tik tak zac S.A. de C.V.- De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.